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El Ritmo y el Impulso (incluido en Conversaciones con Ernesto Arias)

Nos trae Ernesto un punto importante fruto de su experiencia actoral. Se muestra insatisfecho con muchas recitaciónes al uso porque encuentra que les falta lo que él llama impulso. ¿Y qué es el impulso de Ernesto? Está relacionado con los cambios de humor y talante (y por lo tanto de energía, de entonación, de ritmos y otros parámetros acústicos) que tienen lugar a medida que se emite el texto, incluso a medida que se emite una simple frase.

Es como si el hablante fuera encontrando poco a poco las palabras que dan expresión a la idea que tiene en mente y que está siendo recitada como frase. Es decir, es como si el propio hablante al encontrar esas palabras que dan cuerpo a su idea, se sorprendiera -paradójicamente- de ellas y cambiara su talante sutilmente; como si una madre se sorprendiera de lo que dice su niño. Esta frase nacida poco a poco se parece probablemente a la real, y por ello puede esperarse que la frase de teatro así alcanzada sea más verosímil que aquellas en las que el actor lo sabe todo desde el principio y así suena. No se trata, claro, de que el actor no sepa como va a decir la frase, sino que prepara la alocución como si la fuera descubriendo poco a poco, y reciba los impulsos momentáneos a medida que la dice, como si sus palabras se reflejaran en su propio ser y tiñeran lo que está diciendo con ese reflejo.

Esta idea de la frase nacida poco a poco contradice otras de algunos lingüistas, que afirman que la frase está ya completa en la cabeza antes de ser pronunciada. Sin embargo los anacolutos (frases que acaban mal, o no acaban) indican situaciones en las que el devenir no conduce a buen término, como un camino que se pierde en la montaña.

Un parámetro o variable -insistimos en el carácter escéptico del término- es la entonación, que con sus infinitos movimientos: arriba y abajo, abajo y arriba, va realizando lo que podríamos llamar un mapa de la emoción humana; un mapa temporal, una melodía en sumo. Y no hablamos ya de la entonación sintáctica que está más o menos regida por la estructura de la frase, sino de aquellas micromelodías que cabalgan esa entonación básica y la enriquecen y modifican sutil y poderosamente.

Estás micromelodías constituyen lo que podríamos llamar entonación pragmática -impresiva/expresiva la llama A.G.G- y constituyen un resultado de la emoción y el impulso, o bien actoralmente un motor, es decir el actor al entonar se siente arrastrado por la criatura que acaba de crear.

Particularmente son efectivas en las declamaciones emocionales unas grandes subidas y bajadas tonales, incluso sobre una misma vocal, en intervalos que pueden llegar a la octava (recuerdo las octavas del autor de "La condition humaine" del antiguo ministro de cultura francés). El efecto de estás entonaciones es casi mágico, el hablante casi se transfigura ante nuestros oídos.

Por otra parte que duda cabe que este impulso tiene que ver -a escala milimétrica- con las motivaciones, los objetivos y las tareas del personaje en la escuela Stanislavskiana. Incluso podríamos llamar microsucesos a esos pequeños cambios repentinos del hablante -microsucesos que el actor se inflige a si mismo, por decirlo así.

Todo esto está muy bien, lo difícil, lo estamos experimentando, en llevarlo a cabo con verosimilitud; pero estamos en el camino.

 Otra entrega sobre el tema: Más sobre el impulso

 


Vuelta al Principio    Última actualización: martes, 09 de julio de 2013    Visitantes: contador de visitas