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Jardinería

Un sabio principio para comenzar:

Para gobernar a la Naturaleza, primero hay que obedecerla.       (Bacon)

Toda planta no autóctona que fuerza lo que admite el clima de la zona será severísimamente castigado con la muerte de las especies ignorantemente importadas. Asimismo la forma de recortar árboles y arbusto dependen de cada especie (cuidados continuados pueden producir bellos bonsais, es verdad, pero esto es excepcional, hablamos de jardines generales, al aire libre).

Y otro principio propio, en parte contradictorio, pero en realidad complementario:

Un jardín es Naturaleza sometida a Forma

Son pues ingenuas las filosofías o actitudes que respetan el desarrollo libre de un jardín: pronto queda informe y salvaje: deviene selva y niega así lo jardinal.

Como tal forma que es un jardín, como estructuras, necesita elementos cuyas relaciones, combinación, formas (elementales) y proporciones configuran esa forma. De modo que lo primero es individualizar esos elementos, los árboles, arbustos, plantas y flores, setos, piedras, parterres, caminos, mesas y sillas, bancos, pénsiles...

No es contradictorio con el primer principio recortar y dar formas, subir o bajar árboles para conformar y esculpir; eso sí, y siguiendo el segundo, siempre que se conozca la especie en su comportamiento y posibilidades.

El jardín pues requiere una labor constante, porque crece, de una como escultura. y ello es cierto tanto para el jardín francés, émulo de la geometría, como para el inglés, émulo de la naturaleza. Y para el japonés, silogismo remoto de una escultura llevada a la obsesión mística.

Y el agua, tan importante con su masa fluida (ya sabemos que lo es, pero se trata de sentirlo y vivirlo), sus rumores de corriente, gorgoteo y sugerencia de frescura y vida. Y en el agua, como estanque, quizá fuente, quizá plantas acuáticas, quizá peces o, mucho más trivialmente pero agua al fin, la piscina con sus productos, lociones y bombas.

La vida animal está muy presente también en el jardín ‒orillando al mamífero siempre presente, creador y gozador‒ como muchos pájaros, libres o domésticos algunos cual patos o pavos reales. ¿Jaula pajarera?. Insectos a miríadas, unos simpáticos y otros no tanto, unos cooperantes y otros francamente glotones. Y quizá ardillas, y menos probablemente, tortugas, erizos...

Los elementos vegetales han de ser colocados (plantados) y recortados regularmente para alcanzar aquella individualidad.  Y los fijos o invariables colocados también con vistas al conjunto. Y todo ello previendo su evolución futura, recordando que los seres vivos crecen (o mueren)

El color es aspecto muy importante y muy difícil de emplear, como en la pintura. Afortunadamente Natura vienen en nuestro auxilio dando origen a verdes incontables en gradaciones sutiles; y otros colores mil en las flores, esos órganos amorosos que en espléndida impudicia ‒imperceptible sólo por la lejanía taxonómica‒ se nos ofrecen.

Una actividad muy importante ‒y algo dolorosa‒ es retirar lo muerto, hojas caídas y flores marchitas, que ayer mismo nacían esplendorosas. En esa actividad comprendí a la diosa Kali hindú, diosa dicen de la muerte; en efecto, la muerte es la otra cara de la vida que nace, el dejar paso a lo nuevo y tierno. Como dice William:

Since sweets and beauties do themselves forsake
And   die   as   fast   as   they   see   others   grow;  *                 
Pero además el jardín implica también otros elementos, unos estructurales y otros superfluos. Entre los primeros contamos el sistema de riego más o menos automatizado, los caminos para visitarlo, los bancos para contemplarlo a placer, los tiestos y copas de cerámica, un invernadero quizá para proteger las plantas delicadas, iluminación para contemplarlo de noche en perspectiva y percepción distinta, cenador y templete si el tamaño del jardín lo permite/aconseja. Y la zona, adecuadamente velada por menos noble pero estructuralmente indispensable, donde se guardan los aperos y maquinas mil, la tierra en fermentación, trajes de faena, productos de farmacia vegetal.

Entre los segundos, los enanos y gnomos y setas, las estatuas pseudoclásicas, las luces coloreadas, la barbacoa inmensa y arquitectural (es una opinión), en fin todo aquello que desluce y compite con lo jardinal.

Cuidar un jardín es tarea bella, relajada y cuidadosa, si bien realizar todas las tareas necesarias constituye un verdadero trabajo, horas y horas. Un trabajo y un placer.

Recuerdo también (aunque mal) el adagio chino que afirma

Si quieres ser feliz un día cómete un pato; si un año, cásate; si toda la vida, cuida un huerto (o jardín)

Realizadas ya las primeras tareas, cultivamos día a día la última.

Vea algo sobre Regar

 


*

Ternuras y bellezas, pues, se olvidan
y mueren presto al ver nacer a otras
 

Vuelta al Principio    Última actualización: viernes, 18 de septiembre de 2015    Visitantes: contador de visitas